Archivo por meses: Mayo 2007

Preparándome para el futuro

Cuantas más asignaturas apruebo estoy más contento, y no porque me gusten, de hecho no son pocas las que me dan gena aunque admito que después de cuatro años estudiando he tenido en total cinco profesores que han estimulado mi creatividad, no, lo que me impulsa a estudiar es el hecho de que me acerca a abandonar el mundo universitario: egocéntrico, pasivo y atontado. No hay más que echar un vistazo al expositor que hay al lado de la entrada, en mi universidad ‘disfrutamos’ gratuitamente de cosas como el abc o el metro, parcialísimo y simplista respectivamente. Pero la guinda del papel son las revistas: orientadas a un público joven cuyas máximas esperanzas se basan en el próximo videojuego, la gomina más fuerte, los zapatos dorados o las prendas de color rosa chicle, revistas para adolescentes al cuadrado. ¿Y sus lectores? gente que salvo excepciones estudia por no trabajar o que estudia y trabaja para que no le acusen de nada y sufragarse la fiesta-resaca-fiesta de jueves a sábado o ese coche con el que creerá parecer un triunfador.
La relación entre estudiante y universidad prepara al individuo para el futuro: por el bien general no intentes cambiar nada y destierra de tu mente cualquier crítica sobre algo trascendental, piensa en la suerte que tienes al haber conseguido ese trabajo precario y en qué vas a gastar lo poco que te paguen. Esa es la universidad, no en vano en mi campus hay al menos tres sucursales bancarias, muchos más cajeros automáticos, una peluquería, una floristería, etc, todos ellos i-n-d-i-s-p-e-n-s-a-b-l-e-s para los estudiantes.
Otro asunto que está ahí pero mejor ignorar es la relación profesor- alumno, debido a la masificación la calidad de la enseñanza baja hasta el punto de haber visto a un profesor dos veces a la semana durante cuatro meses y ni si quiera sabe tu nombre; frente a este hecho en mi universidad los profesores tienen acceso a listados con fotos de los alumnos, eso me tranquiliza.
Por cierto, en algunos lugares se empieza a hablar sobre el llamado fenómeno de clases vacías, leí sobre él en el suplemento de un diario y me sorprendió la actitud indiferente de los altos cargos de las facultades a los que les parece normal que únicamente asista a clase el 15% de los matriculados. Me he encontrado con varios casos y tengo que decir que para que un alumno asista a clase debe aprender algo allí y leer las transparencias lo sabemos hacer todos; a veces el profesor explica bien las cosas e intenta que te entusiasme pero el temario es simplemente aburrido o anticuado y vale que la tarea del alumno no es divertirse pero si esperan que la gente vaya a clase deben pelear contra relajadas charlas en el bar, una partida a la consola o la perrería. Y para no echar balones fuera también he de decir que otras veces la culpa es del alumnado, el cual está matriculado en la asignatura por cubrir esos créditos que le faltaban y que obviamente no tiene ningún interés en ella o porque, simplemente, es una troncal.
También hay quien se ha quejado y con razón de que en españa se preparan asalariados, no emprendedores, y es verdad. Esto se deriva al menos en parte del sistema educativo, a mi, a todos, nos han enseñado a memorizar, a memorizar y a repetir, a no llevar la contra al profesor y a tomar una actitud pasiva en clase, el profesor llega, suelta su royo, te vas a casa sabiendo que has perdido todo el día, estudias y apruebas. Las iniciativas por crear emprendedores tampoco es que abunden y, siguiendo hablando de mi universidad, adolecen de una falta de fondos (y por ende de ayudas), por cierto, en las charlas para futuros emprendedores que he asistido lo primero que te dicen es que te prepares a pasar hambre al menos al principio, y claro, luego estamos a la cola del vagón tecnológico y, por cierto, ahora mismo puedo contar con una mano y me sobran dedos las startups españolas que han tenido éxito, cosa tampoco de extrañar dado que aquí informáticamente seguimos innovando no en los garajes sino en nuestros cuartos, encerrados hasta las tantas de la madrugada.

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Cuando la ofuscación no sirve de nada

El debate entre seguridad y libertad del código lleva abierto mucho tiempo, la posición más extendida entre los amantes del software libre es clara: si quieres seguridad hazlo libre, las empresas de software privativo por su lado defienden el no acceso al código como forma de protección (algo así como otra razón por la que no liberar el código). Estrechamente relacionado con el software libre tenemos los estándares libres: de nuevo dos posiciones encontradas entre los que defienden la apertura de los estándares como forma de ahorrar costes y promover la independencia del fabricante frente a la industria de software cerrado, para la que mantener el estándar cerrado es una forma eficaz de debilitar si no fulminar a la competencia.
Mi acercamiento definitivo al software libre viene por ambas cosas: un día me encontraba redactando un trabajo en mi windows con mi office religiosamente comprado cuando de repente este se cuelga. Lo reinicié deseando comprobar que al menos no se hubiera corrompido la parte que había escrito antes pero resultó que se había corrompido el fichero word y la copia de seguridad que este crea. Al no disponer del código fuente del programa no podía investigar por qué había ocurrido el problema o haberlo corregido pero además al no tener acceso al estándar de los documentos .doc tampoco podía intentar recuperar el contenido de ellos (es posible que únicamente se hubiera corrompido parte del documento).
Desde entonces ha pasado casi una década y todo sigue igual: antes de un viaje decidí descargar nuevas canciones con las que amenizar el trayecto y me dio por buscar un álbum de una serie de animación. Quizá en otros tiempos me lo habría comprado pero la verdad es que tiene más de dos años de antigüedad y cuesta casi 20 euros, además, desde que pagamos canon intento gastarme lo mínimo en cultura enlatada que ya ellos se encargan de cobrarme el resto. Pues bien, no pude encontrar el disco en redes P2P porque no estaba, de hecho ni si quiera lo había escuchado entero por lo que navegué hasta una web de esa magnífica serie donde ofrecían gratuitamente la audición del disco que buscaba. Digo la audición porque lo que ofrecían era un reproductor flash y, en principio, no puedes ver el código para ver dónde están las canciones porque está compilado o incluso ofuscado. Hasta aquí todo bien por flash, quizá el webmaster no quería que la gente se descargara las canciones y optó por ese método. Pero no olvidemos que detrás de cada página hay un creador, una persona que se encarga de diseñar un sitio web, y que las personas tendemos a pensar lógicamente; así, solemos poner las imágenes en una carpeta con ese mismo nombre, el código php en un directorio llamado php y los mp3, en fin, ya te imaginas.
El hecho, pues, es que a pesar de la ofuscación, de la imposibilidad de acceder al código y del secretismo hay muchas otras maneras de encontrar lo que uno busca. En este caso quedó claro que da igual los métodos que uses pero si alguien con suficiente suerte, astucia o inteligencia quiere algo lo conseguirá, y sino que se lo digan a la industria del entretenimiento, los cuales invierten millones en sistemas infalibles que la gente rompe a los cuatro días.

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En el tren

‘Euromed destino Barcelona- Sants, vía 2’, esa frase pronunciada por una voz metálica a las ocho de la mañana daba el pistoletazo de salida de un viaje a priori aburrido. Como uno es previsor me había ataviado con literatura y música suficientes puesto que las películas que emiten durante el trayecto son regulares en el mejor de los casos. Después de las típicas equivocaciones con los asientos la suerte hizo que me tocara justo en un extremo del tren, con una madre y su hija delante y con una de esas mujeres que todo lo miran de reojo a mi izquierda. El escenario estaba listo y con la misma ligereza con la que se abre el telón empezó a moverse el tren.
En este punto cada uno de los actores estábamos en nuestros puestos: la madre y yo leíamos nuestros libros mientras que la mujer del vestido violeta se decantó por una revista de interiorismo, la curiosidad de la niña pequeña se multiplicaba por momentos y después de haber cansado a su madre, la que constantemente le pedía tranquilidad, localizó a su nueva víctima. Esta vez la suerte sí intercedió por mi persona y la niña me asignó, sin saberlo aún, el papel de aliado.
Pareció adivinar lo molesto que me resulta leer mientras me miran así que pasado un tiempo prudente y dada la insistencia de la niña la correspondí sacándole la lengua. A los pocos minutos mi libro estaba ya en el revistero del asiento puesto que, si bien la niña era pequeña, su labia era enorme. A la media hora ya sabía su nombre, el de su madre, que iba al british school, y que su tía viajaba con ellas. Casi sin darme cuenta sacó de un bolso un pequeño muñeco de blancanieves, lo esconde en una de sus manos y me indica que adivine en qué mano está, se le cae y lo recoge la señora de la revista que aprovecha un momento en que se va la niña para decir: -que niña más insoportable.
-Y claro, la niña no me caía mal pero la mujer de mi izquierda sí por lo que me puse manos a la obra. La pequeña volvió e intenté hacer más agradable la conversación; entonces, en vez de quedarse sentada en su sitio decidió continuar hablando pero de pie en el pasillo al lado de la señora engreída mientras esta intentaba disimular su enfado, la conversación continuó y la niña, al ver que me reía cuando se movía por los baches del camino, comenzó a hacerlo todo el tiempo e incluso llegó a caerse sobre la señora, en ese punto no se si me hacía más gracia las caídas de la niña o la cara de la señora pero claro, todo lo bueno se acaba y la mujer, harta como estaba, decidió dejar su asiento prematuramente y se fue a la cafetería. ¡Buen provecho!.
Cuando dejé el tren debido a la insistencia de la pequeña llevaba en el bolsillo un dibujo de un círculo grande y otro pequeño (la niña y su madre, debe ser arte moderno) y un pez.

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