Después de visitar el Imperial War Museum he quedado triplemente horrorizado:
La única vacuna administrable a la humanidad para evitar que se repitan semejantes crímenes es que cada ser humano piense autonomamente, pero amigo, ¿quién seguiría a los comandantes?, ¿quién trabajaría para un jefe inútil o en un trabajo que nadie quiere hacer?, ¿quién votaría en unas elecciones en las que ningún partido te representa?. Nadie, porque eso sería acabar con la mediocridad, porque no se podría controlar a las masas, porque todo funcionaría mejor y no habría intermediarios. Por eso es por lo que se ha creado, y los ciudadanos la han abrazado, una atmósfera en la que ser científico suena aburrido y en la que el ideal de jóvenes y no tan jóvenes pasa por ser una estrella de la música sin saber tocar o por encontrar un marido/ esposa famoso que te mantenga.
No hablo de anarquismo, hablo de la verdadera sociedad del conocimiento (no la patraña que nos intentan vender), la era del pensador. Pero justo ahora que contamos con los recursos para hacer de cada ciudadano una persona culta e ilustrada volvemos la espalda a la ciencia: no nos interesa el progreso como desconocemos el significado de la palabra libertad hasta el punto de que, en nuestro mundo, solo cobra sentido en la propaganda, la gente (pobres estúpidos) solo defiende su derecho a consumir alcohol y tabaco matándose poco a poco. El mundo se está pudriendo y nosotros somos las toxinas (eso sí, con vaqueros de diesel y un ipod) en las que germinará el siguiente holocausto.
Lunes, 25 de Agosto de 2008